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Creado por sabustamante
06:30:27Por Corina Rodríguez Enríquez
Para la mayor parte de la población, el empleo es la vía socialmente más legítima de inserción social. Provee de ingreso, de acceso a servicios sociales y también de reconocimiento social y cierto sentido de utilidad.
Las oportunidades de empleo suelen estar asociadas a las condiciones generales de la economía. Cuando las economías crecen, es probable que se produzcan mayores y mejores oportunidades de empleo, y que escaseen cuando la economía se retrae. Un análisis de los ciclos económicos en Argentina y su relación con la dinámica del mercado de empleo permite reconocer esta relación y su impacto en las trayectorias laborales de la población.
La Encuesta Permanente de Hogares permite realizar estudios longitudinales, esto es, observar qué pasó con las mismas personas en relación con su situación en el mercado laboral a lo largo de un período determinado de tiempo. Y comparar períodos entre sí. De esta forma, se pueden analizar las trayectorias laborales en Argentina en momentos de crecimiento económico y de recesión.
La información provista por este análisis permite concluir que las trayectorias laborales positivas (tránsitos hacia el empleo, o hacia ocupaciones de mejor calidad) aumentan en los períodos de crecimiento económico y se reducen en la recesión. Y que por el contrario, las trayectorias laborales negativas (tránsitos hacia ocupaciones de menor calidad, o hacia el desempleo o la inactividad) se profundizan en la recesión, y disminuyen cuando la economía crece.
Sin embargo, estas oportunidades o limitaciones de empleo no se distribuyen de la misma manera entre varones y mujeres de distintas características socioeconómicas. Se aprecia que en todos los períodos los varones presentan trayectorias laborales relativamente mejores que las mujeres. Y que así como mejoran relativamente más en la expansión, tanto en el nivel de inserción laboral como en la calidad de las ocupaciones, también empeoran con mayor intensidad en la retracción económica.
Dos diferencias resultan sustantivas en términos de la caracterización general de las trayectorias laborales de varones y mujeres. Por un lado, el mayor predominio de la desocupación como mecanismo de ajuste de los desequilibrios del mercado laboral en el caso de las trayectorias ocupacionales de los varones. Por otro lado, la mayor relevancia de los tránsitos a la inactividad de las mujeres, en todos los períodos. Lo destacable en este último caso es que las mujeres no incrementan su inactividad en la etapa de retracción económica, y que en cambio su participación se estanca en el último período de recuperación económica.
Es decir, las mujeres se incorporaron más aceleradamente al mercado laboral durante la recesión para compensar la pérdida de ingresos de sus hogares. Y cuando las condiciones laborales mejoran, al menos una parte de ellas retorna a la inactividad.
Se observa que en el período de recuperación económica comenzado en 2003 los varones siguen presentando mayor proporción de trayectorias positivas que las mujeres. Entre estas últimas sobresalen dos rasgos. En primer lugar, las mujeres con menor nivel educativo siguen desarrollando una proporción importante de trayectorias negativas, y aparecen como uno de los grupos poblacionales con mayores dificultades de inserción laboral. En segundo lugar, la presencia de hijos e hijas pequeños en el hogar se muestra como un condicionante severo para las trayectorias laborales de las mujeres y no así para los varones.
En síntesis, lo que se observa es que las oportunidades de empleo propias de una etapa de crecimiento económico se distribuyen de manera desigual. Y que las mujeres, especialmente aquellas de menor nivel socioeconómico y con mayores cargas de familia, resultan las menos favorecidas. Sus dificultades para acceder al empleo, aun en momentos de auge económico, afectan su calidad de vida y su autonomía personal. Para contrarrestar esta situación se requeriría, entre otras acciones: i) la recuperación de las estadísticas públicas que permitan conocer cómo sigue esta dinámica; ii) la redistribución de las responsabilidades de cuidado entre el Estado y los hogares, y entre varones y mujeres; iii) la implementación de acciones contra la discriminación de género en el mercado laboral.
Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-107361-2008-07-07.html
* Investigadora Conicet-Ciepp.

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06:25:27
Creado por sabustamante
08:42:38Por Mariana Carbajal
El filósofo francés Gilles Lipovetsky profetizó en La tercera mujer que el poder económico –y no el político– sería el último bastión en abrirse a las mujeres. Aunque fue criticado desde el feminismo por sostener que a ellas no les interesa el poder, su profecía no está lejos de ser cumplida. En la Argentina gobierna una mujer y alrededor del 40 por ciento de las bancas del Congreso están ocupadas por legisladoras (de la mano de la Ley de Cupo). Pero son escasísimas las mujeres que han escalado las cumbres corporativas. El “Mapa económico de las mujeres argentinas (1998-2006)”, publicado por las Fundaciones de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL), confirma esta apreciación y brinda una radiografía del mercado laboral femenino. “Los resultados muestran que si bien las mujeres trabajan más (que hace algunos años), lo siguen haciendo por una menor retribución y en condiciones de precariedad y mayor vulnerabilidad del empleo. Los espacios en la dirección efectiva en empresas son todavía muy pequeños”, indican Marcela Cristini y Guillermo Bermúdez en el estudio.
Sobre una muestra de 2300 empresas (industrias, servicios, finanzas) que representan entre el 30 y el 40 por ciento del PBI de la economía de negocios de la Argentina, FIEL encontró que sólo 4 de cada 10 tenían ejecutivas mujeres. En un total de 14.880 cargos de decisión, las ejecutivas sólo ocupaban el 11 por ciento, es decir, sumaban apenas 1601.
No hay que perder de vista que ya hay suficiente masa crítica para que las mujeres lleguen a la cocina del poder económico: según FIEL, la tasa de participación económica femenina es del 56 por ciento –frente al 81 por ciento de los varones– y sube más de 10 puntos porcentuales cuando se computa sólo a las mujeres con mayor grado de educación (67,3 por ciento). Además, representan el 50 por ciento de la matrícula universitaria y el 60 por ciento de los alumnos que egresan.
Pero la radiografía de FIEL da otras pistas de la discriminación que sufren las mujeres en el mundo laboral en la Argentina:
- El desempleo las afecta entre un 30 y un 40 por ciento más que a los varones y afecta relativamente más a las más jóvenes y a las de mayor capital humano comparadas con los hombres de esas categorías.
- Un dato interesante calculado por el Ministerio de Trabajo (2005) indica que una de cada cuatro mujeres se desempeña en puestos que subutilizan su inversión en educación, mientras que esto ocurre a uno de cada seis hombres.
- Las ocupaciones dominadas por mujeres (los servicios) son las más rezagadas en términos de retribución, sobre todo a partir de la crisis de 2001/2002.
- El empleo en negro también las afecta más: casi el 60 por ciento de las ocupadas, incluido el servicio doméstico, no están registradas formalmente versus el 46,5 por ciento en el caso de los asalariados varones.
http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/subnotas/107313-33865-2008-07-06.html

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08:40:55
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08:38:34